La coreógrafa alemana Sasha Waltz se apropia del poema sinfónico de Berlioz para traducir el romanticismo proponiendo una versión conmovedora de la célebre leyenda de los amantes de Verona. La sobriedad del vestuario y el decorado en blanco y negro, acentúan la intensidad dramática de la obra y dejando espacio para las emociones de los jóvenes heroes.

De la escena del baile, con tintes de humor al encuentro poético de Romeo y Julieta, al matrimonio secreto a la tumba dessgarradora. En todo momento la coreógrafa ilustra la profundidad de los sentimientos y propone las imágenes más bellas. En el escenario, balilarines cantantes y coros se unen en una opera-danza de guión intemporal y universal.

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